Hay una silla entre los dos.
Tú sentado en ella frente a mí, y yo mirándote fijamente sobre las tablas de madera.
Una especie de rencor invisible se vislumbra en las ondas paralelas, podrían pensar que son cuerdas tensando el instante... pero no creo que lo sean.
Detrás de tí desciende la suave luz de la tarde a travéz del balcón abierto de par en par, el sueño soñoliento y a medio dormir por hoy hace muchas horas.
La escena desde el techo se pinta triste, escalonándose el color por entre las celdas rojas que tiñen la habitación de marrón; tierra ficticia, humedeces el ambiente chocando contra tu propio color. Espero no atreverme a llorar cuando lo vea en pantalla, desdibujado.
Te ves tan concentrado desde aquí, es lo que te aferra a la silla, la habitación misma, lo poco de tí que decidió quedarse. Apenas un poco menos de lo necesario.
No quiero destruirte.
Quisiera tener el poder de atardecer tu vida; ser brisa y amaca... pasan unas cuantas puntas de tu cabello por entre la fibra, tocando apenas la línea en mis labios... tu sonrisa inunda las partículas de aire y la imagen se torna a tonos cálidos... tus ojos semidesorbitados haciendo frecuencia de tu cuerpo con cada línea nueva en el bajo, un golpe a contratiempo... and there we go again; se repite.
Si tuviera el poder de acariciar tu tiempo, uno o dos días cada 24 horas, una tarde de tantos mediodías asoleados, incontables madrugadas bajo la taza de café, la almohada enredada de finos hilos que no te dejan partir... se cuelan pequeños bichos en los espacios del teclado; supongo que salieron de mis poros, cuando más se hincharon... cuando más te extraño.
Tener la fuerza para llenar de pequeñas hojas la distancia, y que cruja en el silencio hondo de tu mente. Encontrarte ahí... al fin.
jajajjajaja
soy... ulcerosa!!!!